Homeopatía

Orígenes


La homeopatía (del griego homois “similar” y pathos “sufrimiento”) es un sistema de curación creado por Samuel Hahnemann (1755-1843), médico alemán que rechazaba las prácticas médicas de su época, que incluían sangramientos, purgas, vomitivos y la administración de drogas altamente tóxicas. Estas prácticas, sumamente agresivas, se basaban en la teoría humoral de los griegos antiguos, que atribuye las enfermedades al desbalance de cuatro “humores” (sangre, flema, bilis negra y bilis verde) y cuatro estados o condiciones del cuerpo (calor, frío, húmedo y seco).


Las cuatro condiciones se correspondían con los cuatro elementos de la naturaleza (tierra, aire, fuego y agua).


Para curar al paciente, los médicos intentaban establecer un balance entre los humores, tratando los síntomas con sus “opuestos”. Por ejemplo; la fiebre (calor) se atribuía a un exceso de sangre, porque los pacientes se ponían encarnados. Por tanto, se buscaba el balance extrayendo sangre, mediante sanguijuelas usualmente, para “enfriar” el paciente. Hahnemann denominó esas prácticas “alopatía” (de allos “opuesto” y pathos “sufrimiento”) y trato de reemplazarlas con su “Ley de los Similares”, que trataba “similar con similar”.


Aunque la medicina moderna no se ajusta en absoluto a la antigua alopatía, los homeópatas siguen llamando alópatas a los médicos convencionales, con el fin de hacer aparecer como ideológicas las diferencias entre ambos métodos. En realidad, la diferencia fundamental entre la medicina convencional y la homeopatía es la completa ausencia de metodología científica de ésta última. Como muchas otras acepciones, el término “alopatía” también ha evolucionado, y existen definiciones alternativas como, por ejemplo, la del Webster’s New Collegiate Dictionary, que define la alopatía como “un sistema de práctica médica que hace uso de todos los recursos cuyo valor ha sido comprobado en el tratamiento de las enfermedades”.


Principios Fundamentales


Según Hahnemann, las siete octavas partes de todas las enfermedades se deben a un desorden infeccioso denominado el Psora (irritación). Citando sus propias palabras: “Este Psora es la única y verdadera causa que origina todas las demás incontables enfermedades, las que, bajo nombres como debilidad nerviosa, histeria, hipocondría, insanidad, melancolía, idiotez, locura, epilepsia y espasmos de todas clases, ablandamiento de los huesos, escoliosis, caries, cáncer, asma, supuración de los pulmones, sordera, cataratas, parálisis, pérdida de los sentidos, dolores de todo tipo, etc., aparecen en nuestra patología como enfermedades peculiares, diferentes e independientes” (Stalker, 1985).


Hahnemann pensaba que las enfermedades representan una perturbación en la capacidad del cuerpo para restablecerse, y que sólo se necesita un pequeño estímulo para que comience el proceso de curación. Esta opinión se debía a su fe en el vitalismo, que preconiza la vida como un proceso espiritual, donde el cuerpo posee una sabiduría innata que se convierte en su propia fuerza curativa.


En referencia a las concepciones de Hahnemann, el homeópata inglés Twentyman escribió en 1982 :


“Hahnemann...es...un hijo de las ciencias naturales de la era moderna, un adepto a la química de su época... Pero aún es capaz de mantener la convicción de que una entidad vital inmaterial mueve nuestro organismo hasta la muerte, cuando las fuerzas químicas puras prevalecen y lo descomponen... Esta energía vital, que él caracteriza como inmaterial y espiritual, mantiene saludable la armoniosa totalidad del organismo es, de hecho, su totalidad, y puede ser influida por causas dinámicas. ¿Cómo intentó Hahnemann esclarecer estas ideas? Él llamó la atención acerca de fenómenos tales como las influencias magnéticas, la luna y las mareas, las enfermedades infecciosas y, quizás lo más importante, la influencia de las emociones e impulsos de voluntad en el organismo” (pp. 221-225).


El vitalismo moderno apela a los seguidores de la denominada medicina “Holística” o de la “Nueva Era”, quienes prefieren una visión metafísica del proceso de la vida y aceptan de inmediato la homeopatía, a pesar de sus deficiencias científicas.


La “ Ley de los Similares ”


Se considera que la invención de la homeopatía tuvo su origen en la siguiente experiencia. Estando totalmente sano, Hahnemann ingirió una dosis sustancial de corteza de cinchona bark (chinchona officinalis o árbol de la quina) a partir de donde se obtiene la quinina, utilizada en su época para tratar la malaria, y notó que los síntomas que experimentó eran similares a los de la enfermedad. Razonó entonces que si una sobredosis del producto curativo causaba síntomas similares a los de la enfermedad, esta particularidad podría ser utilizada para esclarecer el valor curativo de diferentes medicinas. Llamó a esta supuesta ley “Ley de los Similares” (Law of Similia) y al proceso de “experimentación” le llamó la “prueba” (proving) del medicamento.


En realidad, la denominada “Ley de los Similares” no es ninguna ley derivada del método científico de investigación, sino el ropaje pseudocientífico que adopta en las manos de Hahnemann una de las creencias primitivas del monismo. Ésta creencia considera que... “la naturaleza es un todo orgánico, unitario, sin partes independientes” con principios inherentes tales como “lo similar es lo similar”, “lo similar hace lo similar” y “lo similar cura lo similar”.


El monismo es la base de muchas prácticas de los antiguos;

(por ejemplo, comer el corazón de un león para obtener su coraje) y establece que :

a) si un objeto se asemeja a otro, ambos son similares en su esencia (lo similar es lo similar)

b) la imagen tallada de un dios de alguna forma se convierte en el dios (lo similar hace lo similar).

c) La influencia del monismo también se advierte en algunas prácticas médicas folclóricas; por ejemplo, la raíz de serpiente (una planta) es buena para las mordeduras de culebras, a causa de su parecido (lo similar cura lo similar).


Este último aspecto también se relaciona con la Doctrina de los Signos de Paracelso, quien declaró que determinadas plantas eran capaces de curar estados o partes anatómicas a las que se asemejaban (Garrison, 1929, p. 206).


La Ley de los Similares carece de bases científicas y contradice los conocimientos actuales de las ciencias básicas, la fisiología, la farmacología y la patología.


La “ Ley de los Infinitesimales ”


La Ley de los Infinitesimales sostiene que mientras menor sea la dosis de medicamento, más potentes serán sus efectos.


Hahnemann enseñaba que las sustancias podían ser “potenciadas”; es decir, que era posible liberar los “poderes inmateriales y espirituales” de los medicamentos para incrementar el efecto de sus componentes activos, y también para activar los inactivos. El proceso de “potenciación” involucraba la dilución continuada de los agentes curativos mediante un proceso al que llamó “sucusión” (sucussion). En este proceso, las mezclas iniciales son agitadas no menos de 40 veces, se desechan 9 partes, se añaden 9 partes de solvente (usualmente agua) y se agita la mezcla nuevamente. El proceso se repite tantas veces como se desee. El golpear ligeramente sobre una almohadilla de cuero o en la palma de la mano se consideraba que podía duplicar la dilución – en contra de lo establecido por las leyes elementales de la física - .


En referencia a las concepciones de Hahnemann, el homeópata inglés Twentyman escribió en 1982 :


Los medicamentos homeopáticos se diluyen en potencias de diez y se denominan con combinaciones de números arábigos y romanos (ejemplo, 3X = 1/1000, 4X = 1/10,000, 3C o 6X = 1/1,000,000, etc.). El hecho innegable de que los medicamentos homeopáticos del siglo XIX consistieran en placebos diluidos los hacía sin duda preferibles a los repelentes potingues y mejunjes que recetaban los partidarios de las teorías humorales.


Sin embargo, la química elemental nos dice que existe un límite a la dilución que se puede alcanzar sin que se pierda totalmente la sustancia original. Este límite, determinado por el número de Avogadro (6.023 x 10-23) se corresponde con una potencia homeopática de 12C ó 24X (1 parte en 1024). A este grado de dilución existe menos de un 50% de probabilidad de que incluso una sola molécula del material original permanezca en la disolución después del proceso de potenciación. El mismo Hahnemann se dio cuenta de que prácticamente no existía probabilidad de que quedara algo de la sustancia inicial tras un proceso tan grande de dilución, pero se las arregló para buscar una explicación en términos metafísicos.


Además de contradecir la física y el sentido común, la Ley de los Infinitesimales queda totalmente invalidada cuando se hacen estudios farmacéuticos sobre la dosis aplicada de un medicamento y la respuesta que éste ocasiona en el organismo.


Homeopatía y Ciencia


Un resumen de las investigaciones realizadas hasta el momento en homeopatía fue publicado por Scotfield en 1984, quien concluye: ... “resulta obvio del resumen que, a pesar de la gran cantidad de trabajo experimental y clínico, sólo hay muy poca evidencia experimental sugiriendo que la homeopatía es efectiva. Esto se debe al mal diseño y ejecución de los experimentos, malos informes, análisis, y particularmente a la falta de repetición de experimentos promisorios...”. La declaración más favorable de Scotfield es que “ciertamente, la ineficacia de la homeopatía no ha sido demostrada”, aunque esta última afirmación es criticable, ya que no se ajusta estrictamente al método científico: el resultado experimental importante hasta el momento es la ausencia de pruebas que avalen la homeopatía, no la ausencia de pruebas que la rechacen. (No es deber de la ciencia demostrar la falsedad de las infinitas hipótesis absurdas que se pudieran proponer sobre cualquier tema, sino de encontrar evidencia sustancial en apoyo de aquellas hipótesis que son verídicas). Análisis más recientes llegan a resultados similares (Kleijnen, 1991).


En 1988, un científico francés proclamó haber encontrado que altas diluciones en agua de cualquier sustancia dejaban una “memoria” en ella, suministrando así una explicación racional a la Ley de los Infinitesimales. Los resultados de su investigación, financiada con fondos de una compañía de productos homeopáticos, se publicaron en una conocida revista científica de gran prestigio (Nature, 1988). Investigaciones posteriores revelaron que la investigación se había realizado incorrectamente. El escándalo tuvo como consecuencia la suspensión del científico. Aún más, un análisis cuidadoso del resultado de los experimentos reveló que, si los resultados hubieran sido auténticos, la homeopatía habría causado mas daño que beneficio, pues habría sido imposible prever de antemano el efecto de una misma dosis, de un instante a otro, en un mismo paciente, (Sampson, 1989).


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